Nuevamente volviendo a los dardos, que ya tanto tiempo había dejado yo de escribir pero que en realidad habian sido el motivo principal de la creación d este blog, lamentablemente me habia encontrado últimamente en una etapa muy “emotiva” y nostálgica que gracias a Dios parece estar llegando a su fin… vuelve la calma… GENIAAAL!!!
Ya séee ke tampoco es que mis dardos sean muy populares o muy leidos… pero son parte de mi cruzada x el idioma que yo misma tanto destrozo (aunque no intencionalmente… le consta a muchos!!!) día a día como una especie de “acto de redención” con la que intento lavar mis culpas y contribuir a la buena formación de las personas… que por cierto no leen este blooog jajajaja en fin sé que parece una cruzada casi tonta y sin sentido que no recibe nisiquiera demasiada atención… pero si Fernando Lázaro Carreter (RAE) pudo ignorar su ego y seguir escribiendo a pesar de la poca acogida… quién soy yo para no seguir su camino… no tengo mi sillón en la RAE así ke mejor intento seguir con mi labor de pequeña hormiguita…. el dardo de hoy es con la palabra “IGNORAR” cuyo significado creo que casi todos hemos mal empleando tan siquiera una vez… al menos yo sí… y me consta que vampirina y alienígena tambiéen (on the wall of shame darlings on the wall of shaame!!!) jejeje y que para que la culturización no quede solo conmigo aquí me tienen compartiendo este dardo con ustedes mis queridos (as) aprendanlo y aprehendanlooo!!!
“- Buenos días, don Lázaro, felicidades por el premio Mariano de Cavia – me dice el frutero de mi vecindad, con su cortesía habitual. Yo siento como una injuria el “dond” antepuesto a mi apellido, pero correspondo amable, considerando lo inoportuno de estanparle un aguacate en el rostro.
- Todo el mundo se ha alegrado mucho – insiste, dando una vuelta más a la rosca.
Le aseguro, para impedir su avance, que yo sé de personas que en modo alguno se habrán regocijado.
- Pues ignórelas – aconseja.
Y al argüirle que las conozco muy bien, pone cara de creerme tonto, y me aclara:
- Quiero decir que no les haga caso.
Si quería decir esto, ¿por qué no me lo ha dicho? Claro, sé por qué, y miro con enorme cariño la caja toda e los aguacates. Pero emprendo mi aventura mañanera.
Me instalo en un asiento del Metro; a estas horas, pasada ya ya su primera punta, va casi vacío y puedo leer. Abro el periódico, con el ánimo endurecido para no sucumbir a las noticias. No hay – milagro – muerto alguno en la primera página, pero sí este titular: “Habrá huelga de X en la Semana Santa: la empresa ignora las demandas de los trabajadores” Es absurdo, me digo; ¿no hay nadie que haya informado a los empresarios de qué desean los obreros? No me explico cómo, a estas alturas, pueden dejar de saber esos señores lo ue todo el mundo conoce: aquellas demandas llevan varios dias publicándose en la prensa….De be de ser ciega y sorda la tal empresa. Cierro el periódico y lo destino a la primera papelera: es el castifo particular e inocente que le inflinjo por su estupidez al titular; porque está claro que quería decir otra cosa.
En la estación han subido dos quinceañeras. Se quedan en pie delante de mi asiento y escucho su conversación. Una habla con agitación y la otra trata de calmarla. El motivo del disgusto no me sorprende, un muchacho la desairó ayer en la discoteca. Y, con mirada punzante y voz ronca de Némesis, la vejada anuncia:
- A ése lo voy a ignorar ya para siempre.
Bajo del metro y salgo a la plaza, la mañana, primera auténtica de la primavera es deslumbrante, no hay por desgracia nubes y todo es maravilloso. Perfecto todo, salvo esta sorda cólera mia.
No es que oir o leer un anglicismo más pueda hacerme desgraciado en medio de tanta hermosura. Tampoco se trata de eso. Ni un anglicismo ni un millón de anglicismos frenarían el latido de mi sangre. No sólode bien hablar vive el hombre; lo que prevengo para evitar que se me tome el nñumero cambiado. LO que esta mañana sucede es que ha habido demasiada concentración: 3 son muchas ignorancias para que hana coincidido en un cuarto de hora: la del frutero, la de la empresa, la de aquella nena del metro. Y tengo que pensar que, si esto ocurre en mis primeros minutos de calle, se me prepara un día inolvidable.
Decido, por ello, regresar a casa y encerrarme rodeado de cauciones. Calquier cosa puede ocurrirme hoy: que llame aquel amigo de Valencia que hace siglos que no veo, u que está deseando darme un abrazo, que reciba carta del editor a quien prometí tener acabado un libro hace ocho meses; que me nombren juez de unas oposiciones, que mi mujer me recuerde lo mal que estamos quedando con su prima Teresa y que hay que visitarla esta tarde. Puede suceder incluso, que tenga sopa sin sl y pollo frito para comer. Fecha aciaga.
Antes de que todo eso, y quién sabe qué más, me suceda, me recluyo en mi casa para dejar listo este artículo por lo que pudiera ocurrir. Y como creo que las asechanzas deben ser afrontadas, y que huirles es el mejor mode de que los males sobrevengan, apunto mi dardo hacia ignorar, para conjurarlo.
Consulto con el Diccionario; toda precaución es poca. De ignorar dice, en efecto, que significa: “no saber una o muchas cosas , o no tener noticia de ellas”. La definición no es modelo de elegancia, pero eso solo ha significado tal verbo desdel el siglo XV en que, como latinismo, se insertó en nuestra lengua. Parecería que, en latín, la construcción Aliquem ignorare, documentada en Terencio y en Cicerón, por ejemplo, podia tener un sentido semejante al que le daba la niña airada cuando se disponía a ignorar al bellacuelo de la discoteca. Pero no: aliquem ignorare quería decir “no conocerlo”, no saber quién es o cómo es su caracter. En modo alguno “hacer como si no existiera”, que es la acepción que hoy me martiriza. Para entender estas novísimas ignorancias hay que recurrir a un diccionario de inglés. El Webster, por ejemplo, informa de que en dicha lengua, to ignore, en su acepción de “carecer de cierto conocimiento” es ya arcaico; porque ahora significa “negarse a tener noticia de algo”, “cerrar los ojos a algo”. O dicho en nuestro romance “no hacer caso”.
Muy simple, no? Era lo que me recomendaba el frutero de mi plaza; que no hiciera caso. Y de lo que se quejan aquellos obreros y lo que iba a hacer la Némesis del metro. Sin embargo, en los tres casos se usó ignorar con su sentido angloamericano, que poco a poco va erosionando el latino – español. He aquí un flagrante caso de barbarismo superfluo, de esos que tan poca falta nos hacen . Metido como una cuña en el tronco de nuestro idioma, acabará secando el “no hacer caso” y dejándonos sin el modo de decir cultamente “no saber”. Se habrá introducido para nada por hablantes despreocupados o tristes de no haber nacido, como mínimo , en Gibraltar.
Si esto no se ataja – y no se ve medio – será preciso echar mano de diccionarios ingleses para leer prosa castellana. Y sólo los españoles para interpretar textos de más de treinta años (sin alusiones personaleees). Los de 1950, por ejemplo, serán fabulosamente arcaicos; no digamos los de más atrás. Un próximo editor de Machado, bajo los versos: “Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora”, tendrá que insertar una nota: “Ignora, significaba desconoce en castellano antiguo”. Así se evitará entender que la pobre Castilla desprecia todo aquello de que no hace caso; lo cuál sería una obviedad.
Ya está, ya he terminado el artículo. Pero no lo firmaré sin advertir que hace unos minutos, mi mujer me ha interrumpido para anunciarme que ya viene de camino para darme un abrazo, ese amigo mío de Valencia que hace siglos no veo.”//.
El que tenga ojos… que lea…