Éste dardo lamentablemente debo confesar, lo he utilizado varias veces en mis supuestas “composiciones, ensayos, monografías” y demás, pensando yo que era muy correcto y hasta “culto”, pues vaaaya error que cometía juju, en fin, aquí les dejo un artículo de Fernando aclarándonos sobre el tema.
“Y/O”
Si esta sandez progresa, dispongámonos a asistir a una merienda en que nuestra anfitriona nos pregunte: ¿Quiere usted chocolate y/o leche?.
Con ello, culta y elípticamente, nos habrá formulado tres opciones a la vez. En efecto, nos habrá preguntado:
- si queremos chocolate;
- si queremos leche;
-si queremos chocolate y leche, simultáneamente.
¿No es hermoso? Pues esto empieza ya a leerse y hasta oírse en castellano, sin que a los usuarios les estallen las mejillas de rubor.
Por supuesto, su origen no puede ser más iustre: como casi todas las grandes joyas que estamos incorporando a nuestro tesoro lingüístico, ésta también procede del inglés. Si usted busca el reservado en un establecimiento público americano, y halla una puerta con la inscripción “Men and/or women”, entre sin vacilar y sin temor a la promiscuidad: dentro habrá un cubículo para varones y otro para mujeres, perfectamente diferenciados.
La expresión and/or procede del lenguaje de la lógica, para señalar lo que se llama la “disyunción inclusiva”; pero el idioma inglés lo ha asimilado para los empleos más ordinarios, en ejercicio de una libre decisión comunitaria.
Cuestión es esta merecedora de un comentario severo y dilatado : cuando aquí persigue hasta la saña la cultura clásica, a la vez nos mofamos de la “barbarie” cultural yanqui, somos conscientes de lo que hacemos? ¿se sabe que los clásicos griegos y latinos se diunden y se leen en múltiples y abundantes ediciones en Norteamérica, traducidos o en versión bilingüe? ¡Cuánta frivolidad e inconsistencia en nuestros desdenes.
… Y donde ya parece abusivo, redicho y pedante el y/o es en la escritura o en el habla corrientes. Según hemos visto, o no es siempre alternativo. Si me ofrecen chocolate o leche, lo probable es que sea sin intención de obligarme a escoger: puedo renunciar a ambas cosas y elegir las dos. Dejemos el juego de nuestras conjunciones, tajantes unas veces y cómodamente ambiguas otras. Se ha dicho con razón que no hay apenas ambiguas en la conversación real. En cualquier caso, se aprecia la poca ventaja en torturar nuestra sintaxis con ese extravagante y/o que, como “a nivel de”, “contactar”, “agresivo”, “rutinario” y tantas tonterias semejantes, nos van a dar voto en las elecciones norteamericanas antes que en las nuestras.”